Soy Lic. en Psicología, por la Universidad Autónoma de Campeche. Primero debo decir que desde la secundaria supe que quería ser psicóloga, pero no por el hecho de “tener un consultorio y dar terapia”, que es lo que regularmente dicen los estudiantes que quieren estudiar esta carrera; mi interés iba en función de observar y escuchar a la gente.
Cuando estaba en 3 año de prepa, tuve una maestra de química que cambió mi visión de los maestros tradicionalistas y pensé: cuando yo sea psicóloga, me gustaría dar clases en una preparatoria y darle a mis alumnos clases que no fueran aburridas, que se interesaran por la materia, que no entraran solo por una asistencia sino por que les guste estar en la clase.
Al entrar a la carrera de psicología retomé mis metas de la prepa y me plantee otras. Al igual que dar clases en la prepa, quería hacer proyectos y trabajar en comunidades rurales, lo cual empecé a realizar cuando ya estaba en el último año de la carrera y allí trabaje por cuatro años. Estando en este proceso se presentó la oportunidad de hacer una suplencia en la una prepa, donde había yo estudiado, y pensé: “ya es momento de realizar este proyecto”, y así inicie.
Curiosamente los grupos eran de primer semestre y de quinto, los nuevos y los de salida; y lo primero que hice fue conocer a mis estudiantes, pero sobre todo saber las expectativas que tenían sobre la materia, y como les gustaría que fueran las clases. Estoy casi segura que todo maestro ha hecho este ejercicio, la diferencia radica en como lo hemos hecho. Al terminar la dinámica que utilice para esto, les dije: ahora mis expectativas y la manera que me gustaría que fuera la clase es esta. De lo que ambos, expusimos sacamos conclusiones juntos y llegamos a acuerdos de clases. Se establecieron los términos en ambos grupos, obviamente diferentes por que eran diferentes grupos, y siempre que he hecho la dinámica siempre es diferente así como los acuerdos; hasta ahora me ha resultado, claro que he ido variando cosas y aprendiendo de ellos.
Los temas que tratamos en clase, la mayoría se han “aprehendido” con dinámicas, con rally`s, con juegos, y fuera del aula. Es un poco mas de trabajo por parte del maestro pero a los muchachos les ha servido, y aprenden y se interesan por el tema y llegan con más preguntas, y se sientan bases reales, por que no solo leyeron algo sino que lo vivenciaron, entonces es mas significativo y lo cuestionan.
Ser profesor, para mí es una meta que cumplí, además ya no estoy supliendo a nadie. Cuando entro al salón, para mi es entrar a una fiesta, aprendo cada día, comparto lo que se con los muchachos y lo que no se, lo investigamos juntos. Mis chicos saben que yo no se todo, pero que lo que no se, lo aprendemos. Soy capaz de decirles que me equivoque y no por eso he perdido credibilidad, al contrario.
Ser profesor de nivel superior es una de las mayores satisfacciones que tengo, y estoy consiente de que el servicio que ofrezco como docente y ahora también como terapeuta, tiene que ser de calidad, tal cual es la calidad que exijo a mis alumnos. Por ello me preparó en mi área como psicóloga estudiando la maestria en Psicoterapia Humanista.
Tengo muchas satisfacciones, primero que nada entrar a clases es una satisfacción, convivir con ellos, saber como se sienten, por que se acercan a mi y platican de ellos; los que ya están en carrera, siempre vienen a pedirme que vaya a sus clases para hablar de algún tema. Cuando finaliza el semestre, se acercan algunos alumnos que no conozco y me preguntan que en que grupo voy a dar clase para que se inscriban en ese grupo. Estar en la escuela es una satisfacción garantizada.